jueves, 18 de junio de 2015

POEMA XIX- BESOS QUE AL OLVIDO NO DARÉ. AKASHA VALENTINE.

Theodore Gericault. Fotografía: Wikipedia

POEMA XVIII – BESOS QUE AL OLVIDO NO DARÉ AKASHA VALENTINE.

Recuerda para no olvidar, que el beso que aquel día nos dimos hoy ya forma parte del ayer, por eso yo quisiera que no te olvidaras de recordarme cada día de cada mañana la forma en la que tus labios y los míos se alinean para tocarse y hacerme estremecer cuando exhalas tu aliento y tu boca me toca y se pega a la mía, y de ahí en adelante nuestras lenguas se rozan acompasadas por la pasión que sin razón nace y nos pone los pensamientos y a las emociones del revés. Porque aunque sé que no lo diré, o al menos no me atreveré, ya estoy empezando a anhelar la línea que dibujan tus brazos en torno a tus músculos, y surcando con la timidez de la inocencia la desnuda piel que separa tu camiseta de tu brazo, deslizó las puntas de mis dedos sin decirte lo que estoy dispuesta a hacer hoy por ti.

E insegura me muevo, contoneando levemente mis caderas sin que puedas llegar a notarlo, susurrando a mi cabeza pensamientos en los que evoco la tranquilidad de saber que cuando me veo reflejada en tus ojos todo te lo puedo dar sin miedo a salir dañada. Son ahora los segundos en los que no dices nada los que danzan y bailan entre el silencio de nuestros cuerpos, y sintiéndome cómoda entre ellos te sigo mirando aunque tú a veces te obligues a desviar la mirada. No quisiera yo dejar de contemplarte, y aunque me das la espalda sé que volverás a mirarme de nuevo para complacerme cuando llegue el momento de sorprenderme.

Alzas tu mano, y sin tocarme siento que ya estoy siendo atraída por tus palmas; tus dedos caen sobre mi nuca y tus yemas me sostienen, y de nuevo nace en mí la sensación de que he de cobijar a buen recaudo estos besos que al olvido no quisiera yo entregar. Daré un segundo, o quizás más de dos, a la hermosa sensación que deja tras de sí un parpadeo cuando tu mejilla queda apoyada sobre mi cara y juntos, sin decirnos nada, danzamos, sí, sobre un mismo punto hasta que nos olvidamos de que no oímos nada excepto la cadencia con la que nuestros propios corazones laten al unísono para seguir marcando el ritmo al que debemos movernos.

No olvides que las promesas no se sostienen si las personas no se esfuerzan por hacerlas realidad. Así que aquí y ahora dime lo que quieras decirme, porque si lo dejamos pasar, para mañana ya será tarde, y dejaremos de darle la misma importancia que hoy tiene. Así que dime: ¿hasta dónde serías capaz de llegar por mí? Porque yo ya sé hasta donde llegaría por ti, y con este gesto que tiene la fuerza mil emociones contenidas a la vez te doy este último beso en el que exhalo mi aliento para morir aparentemente entre tus brazos, ahora que sé que la vida sin ti no tendría ni valor ni sentido.


-FIN-


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