martes, 15 de abril de 2014

POEMA XIV – QUIERO SER COMO TÚ. AKASHA VALENTINE.

François Boucher. Fotografía: Wikipedia.  


POEMA XIV – QUIERO SER COMO TÚ. AKASHA VALENTINE.

A veces tengo la sensación de que en el espejo en el que miro no me veo tal y como soy yo en realidad. Así que como no puedo mirar con suficiente detalle en él, creo a pies juntillas en esa imperfecta imagen que es igual a mí, y me sorprendo cuando me veo siguiendo unas huellas que no dejé en suelo de mi casa y sin quererlo acabo corriendo detrás de ellas antes de que el viento las haga emprender el vuelo y, como Alicia detrás del conejo, yo me busco a mí misma al otro lado del espejo. Y lo que veo no es en realidad lo que creo ver, todo es confuso y extraño, como un sueño del revés, donde los atardeceres tienen colores malva y salmón, y mi cuerpo es joven pero mis cabellos son blancos como la nieve. Pero ahí estoy yo, al otro lado del lado del cristal, donde mi reflejo no me ve, donde mis advertencias pasan desapercibidas a esas manos que no se dan cuenta de que si tocan las rosas deshojadas en un profundo sueño caerán. Y así es como me he convertido en la princesa exiliada de los cuentos de hadas sin final feliz, donde vivo atosigada por mi propia existencia creyendo que mañana será un día mejor al que hoy dejo atrás.


Yo quisiera ser tocada por tu voz, oída por tus oídos, sorprendida por tus gestos que sin aliento te traen a mí. Y es que cuando te miro siento que me fascinas, porque yo quisiera parecerme a ti, vivir como tú, sentir lo que tú sientes cuando las voces de todos se unen para pronunciar tu nombre, cuando alargas la mano y desde la distancia les tocas sin llegar a posar tus dedos sobre ellos. Eres como la princesa de un cuento perfecto, cuando tú haces acto de presencia la luna brilla como si sólo a ti quisiera ver, y el príncipe encantado cabalga a lomos de su caballo para encontrarte donde quiera que estés. Quizás la forma en la que te idolatro sea un error, pero más amarga resulta la idea de vivir en el silencio creyendo que tu vida imperfecta no tiene defecto alguno. Porque tú me haces creer que si cierro los ojos mis fallos y errores desaparecerán puedo mirar con más esperanza al futuro, pero sólo me engaño a mí misma por creer de esta forma tan infantil.


Siempre pensé que si de todo corazón deseaba tu felicidad, también se convertiría en la mía, por eso a tus ojos quería ser perfecta, pero lo cierto es que nunca pude parecerme a ti ni lo más mínimo, por eso ya no quiero ver mi propia imagen reflejada en el espejo, no quiero que me recuerde mi débil deseo de ser quien nunca fui. Aunque salga herida o dañada prefiero seguir siendo yo antes que otra persona, porque si me miento en algún momento las personas que están a mi alrededor creerán que lo que les cuento es cierto y yo bien sé que no es lo mejor para ambas partes. ¿Por qué la idea de la felicidad y los sueños van tan unidos de la mano y son tan difíciles de conseguir al mismo tiempo? Al final de todo, con el paso de los años y tu sombra varios pasos por delante de mí, me di cuenta de que no importa cuan duro sea el camino a recorrer, para mí es suficiente con saber que al menos intenté llevar una vida decente, y quizás sea demasiado débil en algunos aspectos por darme por vencida cuando tu mano aún seguía ahí extendida para seguir sujetándome en caso de que yo lo necesitara.





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